
De alguna u otra manera, en alta o baja medida, todos nos arrepentimos de haber elegido tal o cual camino en lugar de haber tomado la ruta alternativa que hubiera resultado más fructífera. Muchos lo niegan y dicen que nada de lo hecho los avergüenza y que todo sirve o “alimenta”, pero creo que esa es una afirmación cínica que esconde en el fondo, al menos, una pizca de vergüenza por algún disparate cometido en determinado momento de la vida.
En la música, el arrepentimiento se da con mucha frecuencia. Por ejemplo, Rod Stewart se arrepiente hoy de haber compuesto y cantado el “Da ya think I’m sexy” (1979) y lo dice con franqueza y sin temor a nada. Otro grande, John Lennon, afirmó en su última entrevista dada a la revista Playboy, que detestaba casi todas las canciones que hizo con The Beatles; y tuvo la valentía de admitirlo.
Pues bien, si Rod y John son capaces de hacer una declaración de ese tipo, quien escribe esto desea compartir con ustedes sus impresiones acerca de un grupo de canciones que un (mal) día tarareó y cantó con deleite, pero que hoy siente vergüenza de escucharlas, no en casa por supuesto, y que están descartados en el I-pod.
Girls just wanna have fun – Cindy Lauper (1984)Reina y soberana de las chicas traviesas que, sin embargo, eran “buena gente” y que no alcanzaban la categoría de "rebeldes sin causa", porque terminaban haciendo caso a todos los consejos de mami. La voz remolona y los gorgoritos de Cindy eran material imprescindible en los tonos ochentosos y su rara pinta era copiada por aquellas féminas que consideraban a su contraparte, Madonna, como demasiada aventurera y malcriada.
We built this city – Starship (1985)Un caso para archivar en los anaqueles de los más insultantes rankings “billbordeanos” de los ochentas. Prueba irrefutable que sirvió a muchos enemigos del rock que sindican a este género como plagado de drogadictos y alcohólicos. Claro, si parece que esta canción fue hecha en pleno vuelo con el “Crack” más barato del Bronx. Paul Kantner, antiguo miembro del legendario Jefferson Airplane, abandonó Starship antes de que el grupo lanzara esta canción. Cuando la escuchó la definió simplemente como “basura”. Y pensar que llegó al número 1 en la Billboard, al puesto 12 en UK y yo la bailé con fascinación en mi fiesta de “Promo”. Con razón mi pareja me respondió con un “no” rotundo cuando le propuse ser su enamorado. Sin duda, este bodrío me "saló".
Party all the time – Eddie Murphy (1985)
Eddie Murphy nunca me convenció como cómico, pero en esa época era el máximo exponente del humor norteamericano. Como muchos otros, el éxito le sonrió tanto que nubló por completo su criterio e invirtió sus millones de dólares en salas de grabación y, de paso, lleno los bolsillos del más famoso “hijoputiense” de la música, Rick James. Por estos lares, Party all the time se escuchó en algunas radios en el verano de 1986 y como en esa época la globalización era un cuento de hadas, no había internet ni Mp3 ni downloading, pues los fieles oyentes radiales como yo la incluimos en nuestros casetes Maxell.
Lola – The KinksNo es que sea mala. De hecho es un clásico del rock, pero mis malos recuerdos van de la mano con un funesto episodio amoroso de mi adolescencia. Todo iba bien con una chica hasta que en medio de una fiesta, le dije que ella era para mí la “Lola” de la canción, y entonces, con su peor cara la flaca me respondió que ya no quería estar conmigo y me dejó. Claro, ella se había tomado la molestia de traducir
la letra que narra la primera experiencia sexual de un “pata”...con un transexual. No tengo nada contra los transexuales, pero en esa época las mentes no estaban muy “open”, que digamos. Consejo: antes de dedicar una canción al ser amado lleven bajo el brazo un diccionario Webster.
The Gambler – Madonna (1984)Si no me equivoco, muchos estarán de acuerdo en que esta debe de ser una de las peores canciones de Madonna. Aquí causó furor y hasta una radio muy popular en esa época la eligió como la mejor del verano de 1986. Pero bien dicen que a los reyes y a las reinas sus súbditos les perdonan todo y pasan por alto sus errores y dislates. Este sencillo (bastante sencillo de verdad) fue parte de la banda sonora de la película Vision Quest, un fiasco cuyo único elemento rescatable fueron las piernas y la exuberante anatomía de la entonces voraz Linda Fiorentino. Felices cincuenta años mi reina, pero no pongas esta canción en tu fiesta, corres el riesgo de que alguno de tus invitados te reviente un tortazo en la cara.
Uptown girl – Billy Joel (1983)Billy Joel (1983)
Si trabajas en una gasolinera y pretendes ganarte el corazón de tu cliente favorita: una rubia despampanante de dos metros de altura, 90-60-90, ojos azules y con mucho dinero, no se te ocurra elevar el volumen de tu radio en su presencia cuando pasen esta canción. Ten por seguro que ella no dudará en aplastarte con su BMW o Mercedes y luego dejar encendido un cigarrillo a un metro del surtidor para que te achicharres por tu pésimo gusto. Bien dicen que los ochentas fueron la ruina de muchos talentos setenteros; y Billy Joel fue una de las víctimas porque discazos similares en calidad a Honesty, The Nylon Curtain, Piano Man, Movin’ Out y tantos otros oropeles no se volvieron a repetir en su repertorio.
Invisible touch – Genesis (1986)Otra demostración palpable de que el mainstream de los ochentas fue el panteón para muchas mentes brillantes que se pasaron al lado verde oscuro del pop comercial. Una canción sin pretensiones que tuvo como único fin demostrar que Phil era el que llevaba las riendas del trío y que estaba por encima de la opinión de Rutherford y Banks. Recuerdo haber comprado el cassette con la carátula de la mano y bailarla en algunos tonos, pero luego de escuchar la discografía entera de este grupo de rock progresivo, sólo me queda una palabra para calificarla: patética.
Harlem Shuffle – The Rolling Stones (1986)Para 1986, la amenaza de desbande se estaba posesionando del grupo. El ventisquero de las propuestas en solitario de Jagger y Richards se hacía notar en los tracks del Dirty Work, y más aún, en esta mediocre versión del clásico de Rob & Earl, de 1963. Habrá quien esté en desacuerdo en mis apreciaciones, pero opino que era notorio el desgaste de la banda después de haber disfrutado de un álbum tan audaz como el Undercover. En este disco, el compromiso de Mick con las otras “piedras rodantes” fue inversamente proporcional al entusiasmo que le puso a su disco en solitario Primitive Cool, experiencia que también resultó siendo calamitosa. Menos mal que en los noventas se reivindicaron y la banda más grande de todos los tiempos se mantiene rodando hasta hoy.
Stars on 45 - ABBAAzúcar, miel, remolacha y tanto dulce acabó por empalagarme hasta el tuétano. No dudo que en su momento fue un gran experimento comercial, junto a los Medley con los clásicos de The Beatles y Stevie Wonder, pero con el tiempo este cuarteto sueco se volvió no apto para mis oídos. Gracias por la música amigos de ABBA, pero sobre todo, gracias por decidir separarse y no volver a juntarse nunca jamás.