viernes, 16 de marzo de 2007

Joe Calling, desde el otro mundo

Aun cuando no sabemos en qué mundo se encuentra, supongo que al gran Joe Strummer le hubiese encantado levantar el fono y llamarnos desde un rincón del purgatorio, rememorando su prédica contestataria y revoltosa cuando lideraba la banda punk británica The Clash.

La llamada de Strummer sería para avisarnos sobre el estreno de un largometraje sobre su vida titulado Joe Strummer: The Future is Unwritten, frase extraída del legajo personal del famoso guitarrista, y que está dirigido por Julien Temple, artífice del no menos famoso documental The Great Rock ‘n Roll Swindle; filme que notificó el deceso artístico de los ultraimpopulares, pero legendarios al fin, Sex Pistols.

Tal como sucede con las cintas biográficas sobre malogradas estrellas de la música, este documental contiene material inédito sobre la vida de Strummer, así como de su etapa más radical y prolífica al lado de los otros Clash: Mick Jones, Paul Simonon, “Topper” Headon, Tory Crimes y Keith Levine.

En el filme, Strummer asoma la cabeza desde su tumba y enciende la voz para conducirnos por sesiones de grabación en estudio, entrevistas en la BBC, multitudinarios conciertos, pero también por algunos pasajes de su infancia y su decadencia musical.

Su narración está acompañada por opiniones de personalidades como Martin Scorsese, Bono, Red Hot Chili Peppers y, por supuesto, Mick Jones, su viejo compañero con quien compuso verdaderos himnos a la reivindicación social y contra el sucio orden vigente de finales de los 70 y comienzos de los 80, como London Calling, Sandinista, Train in vain o White Riot, esta última tildada, equivocadamente, de fascista.

El estreno del documental se realizará, dónde si no, en el Reino Unido, el 18 de mayo, aunque la cinta ya fue proyectada en el reciente Festival Sundance, en enero.

Joe Strummer nació en Ankara, Turquía, el 21 de agosto de 1952, bajo el nombre de John Mellers. Su deceso se produjo el 22 de diciembre de 2002, debido a complicaciones cardíacas, en Somerset, en su adoptiva Inglaterra.

Durante su época más “contra”, como cabeza de The Clash, Strummer arremetió con dureza contra los clásicos de los 60 (llámese The Beatles, Rolling Stones o Elvis), acusándolos de haber traicionado el ideal del rock, y, además, satirizó el ideal hippi del “peace and love” con su canción Hate and war. Sin embargo, ello no le resta méritos para que el célebre “rascacuerdas”, merezca un volumen especial en la enciclopedia de las celebridades del rock de todos los tiempos.

Foto: http://www.joestrummer.com/

miércoles, 14 de marzo de 2007

El lado brillante de la música: Waters bajó la luna al suelo limeño

Empecemos por decir que a partir del 13 de marzo de 2007, nuestra querida capital dejó de ser la tres veces coronada villa, para convertirse en la cuatro veces coronada ciudad, luego del grandioso despliegue de música, luces, sonido y efectos especiales que Roger Waters exhibió en una histórica jornada que ninguno de los que asistimos olvidará por muchos años.

Todo lo que sucedió esa noche fue novedoso, nunca antes visto ni vivido. Hasta la hora del inicio del concierto fue desacostumbrada para una ciudad, por lo general, tardona y muy dada a hacer las cosas a “ultima hora”. Pocos minutos antes que dieran las nueve de la noche, hora programada para dar inicio al espectáculo, muchos caminaban a paso lento, despreocupados, por los alrededores del Monumental; unos reencontrandose con viejos amigos, otros echándose encima unas chelas o una que otra hierba y no pocos intentando abrirse paso con sus autos entre el caótico tráfico que se armó a pocas cuadras del estadio de la U. Sin embargo, como buen inglés, Waters ordenó que la luna empezara a brillar y tomara de rehén al cielo limeño a las 9 en punto. Fue en ese momento que a unos cuantos kilómetros a la redonda, se pudo observar perfectamente cómo las luces rojas que brotaban de los gigántescos reflectores ubicados arriba del escenario, empezaron a crear una perfecta armonía con las primeras notas del In the Flesh.

Los gritos desaforados y el “hello Lima, buenas noches” de Waters, provocaron que por las afueras del recinto la gente empezara a correr despavorida hacia las puertas de acceso a las tribunas, como si estuvieran huyendo de una balacera o de un tsunami. Pero no, todos se dirigían al ojo del huracán que estaba a punto de causar estragos en las casi 15 mil almas que se dieron cita esa noche inolvidable.

Como dije antes, el show se abrió con In the flesh, continuó con el suave guitarreo de Mother, para después alcanzar uno de los tantos momentos cumbres de la noche con Shine on you crazy diamond, canción que estuvo acompañada por una secuela de imágenes del “diamante loco” y fundador de Pink Floyd, Syd Barret. El show siguió con The Final Cut y luego volvieron a encenderse los ánimos con el ruidosamente coreado Wish you were here.

Hay que decir que, pese a sus 62 años, la voz de Waters mantiene su fuerza y coherencia juvenil, pues respeta los tonos bajos y aún los más agudos en cada interpretación; aunque hemos de reconocer también el notable apoyo que recibe de las tres coristas y los otros integrantes de su banda, entre los cuales figuran su hijo, luciéndose en los teclados, y dos guitarristas que tratan de imprimirle sus propias huellas digitales a los riffs del recordado David Gilmour, intentando que cada versión original conserve su pureza y genuinidad.

Si bien es ampliamante conocida su opinión con respecto a la política internacional, Waters exhibió ante todos su propuesta antibélica, clavando certeros cuchillazos musicales en las anchas caparazones de George W. Bush, primero, y luego de un tal Tony, que no era otro que Tony Blair. A Bush, en especial, le dedicó varios minutos de su show y le encaró a través de Leaving Beirut “la cagada de educación que debe haber recibido de niño en su Texas natal”. En ese instante, el público secundó la posición de Waters y respondió con un sonoro rechazo al mandatario del país más poderoso del mundo. El lado más político e insurrecto de Waters se prolongó con la memorable The Fletcher Memorial Home, acompañado por la proyección en la pantalla de un video en el que aparecieron los retratos de los más infames personajes de la historia de la humanidad como Hitler, Stalin, Pinochet, Mussolini, Osama Bin Laden, entre otras “joyitas”, poblando los sucias paredes de un hospital psiquiátrico. Para culminar, Waters se destapó con una magistral interpretación de Sheep, del album Animals, momento en el cual un gigántesco cerdo cobró vida y sobrevoló el cielo limeño lanzando mensajes alusivos nuevamente a Bush y contra los muros que separan, en clara alusión a los tantos muros que se construyen en el mundo, pero también salpicando al contexto nacional con una frase contundente: “Todos los peruanos somos iguales. No a la discriminación”.

Tras una pausa de quince minutos, Waters y compañía reaparecieron en el gigantesco escenario para dar inicio al eje central de la noche: la plasmación en vivo de los nueve temas del celebérrimo The Dark Side of The Moon, impulsando a la gente, a medida que intepretaba cada canción del album, hacia un nivel de clímax inimaginable. Por encima del escenario se posesionó una pirámide que disparó coloridos rayos láser al público que, a esas alturas, no cabía en su éxtasis, y respondía con alaridos como si se se tratara de una aparición celestial. Por nuestros oídos pasaron Brain damage, Money, The great gig in the sky, Eclipse, y todas aquellas piezas brillantes que forman parte de esa piedra fundamental a la que, personalmente, considero como el disco más grande de toda la historia del rock, en todas sus manifestaciones.

El tiempo seguía avanzando y se eternizaba cada vez más. Como no podía ser de otra manera, vino luego Another brick in the wall, elegía que encumbró la noche hasta alcanzar una inapelable conmoción colectiva. La participación de los niños del Cambridge School de Lima, hay que decirlo también, no fue la esperada, porque ésta se circunscribió a un simple acto de presencia, sin corear el We don’t need no education. En compensación, cada uno de ellos lució un polo oscuro que decía en el pecho “los muros caeran junto a los miedos del mundo”. Fue tanta la algarabía desatada en ese instante, que la sola presencia en el escenario de “los niños de Lima”, tal como los llamó Waters, bastó para simbolizar el compromiso de este genio con las futuras generaciones. El preludio del espectáculo estaba por llegar y cuando la gente coreaba con mayor fuerza “olé, olé, olé...Rogeeer...Rogeeer”, pidiendo que lo vivido hasta ese minuto no terminara jamás, se escucharon las notas del Bring the boys back home, y como broche de oro, el Confortably numb.

El recital acabó cerca de la medianoche. En las afueras del coloso de Ate se sentía algo diferente en el ambiente, como si de pronto los peruanos nos hubiesemos sentido más importantes y orgullosos por haber recibido tan magna visita. De seguro, muchas de las casi 15 mil personas que fuimos testigos de tan maravillosa experiencia amanecimos el martes 13 un poquito más felices que de costumbre. Ahora que venga U2 o Paul McCartney.

viernes, 9 de marzo de 2007

Obituario: muere Brad Delp, primera voz de Boston

Allá por 1986, a los 16 años, oí en la radio una melodíosa canción que, por entonces, había alcanzado el primer lugar en el ranking Billboard, y que llevaba nombre de mujer: Amanda; interpretada por un grupo llamado Boston. En ese momento, tanto Boston como el mismísimo nombre de Amanda me parecieron toda una novedad. Nunca antes en mi vida había conocido a Amanda alguna, ni había oído a Boston en ninguna parte.

La canción, a pesar de ser muy buena, no logró la popularidad que se merecía, puesto que, por esa época, muchos jóvenes ya andaban comprometidos con el rock en castellano, y muchos otros habían sido absorbidos por la salsa y el merengue. Amanda comenzaba muy suavecita, con un juego de cuerdas metálicas desde donde fluía la letra con lentitud y parsimonia hasta que, llegado el clímax, la voz principal despuntaba y destilaba potencia y energía, acompañada de un solo de guitarra que luego descubrí era el sello de distinción del grupo.

A medida que pasaron los años y mi interés “arqueológico” por el rock clásico fue acrecentándose, descubrí otras grandiosas piezas musicales interpretadas por Boston, entre las que destacan: Piece of mind, More than a feeling, Dont´look back, Smoking, y otras estupendas canciones que obtuvieron un gran suceso entre mediados de los setenta y comienzos de los ochenta.

Más de veinte años después de haber escuchado Amanda, en las voces de Brad Delp y Tom Scholz, los líderes de Boston, me entero que Delp, el barbudo cantante y dueño de aquella potente y dorada voz, fue encontrado muerto en su hogar en el estado de New Hampshire (EEUU), a la edad de 55 años.

Con Boston, Brad Delp y Tom Scholz consiguieron integrar sus voces de tan buena forma que amalgamaron unos discos inolvidables que están entre los más representativos del rock clásico. A lo largo de su historia, Boston grabó seis discos de larga duración, cada uno mejor que el otro; no obstante, al margen de su gran aporte musical, el grupo se caracterizaba por la originalidad en cuanto al diseño de las tapas de sus albumes, plagadas de imágenes interplanetarias, en donde las naves espaciales y platillos voladores surcaban el espacio o le daban una vuelta al globo terráqueo.

En los últimos años, tras su aventura con Boston, Delp formó un grupo bautizado como RTZ, con el cual obtuvo mediana resonancia. En 1994, Delp formó Bettle Juice, agrupación tributo a los Beatles, los mismos que, según él, constituyeron su mayor influencia musical. Sin embargo, Delp y Scholz se juntaban eventualmente como Boston para realizar presentaciones musicales, como aquella última que se llevó a cabo en noviembre de 2006, en el Salón Sinfónico de Boston, en el estado de Massachusetts.

Hasta siempre Brad Delp!!!!

miércoles, 28 de febrero de 2007

Revuelta en La Policía

Aunque hayan anunciado con bombos y platillos la vuelta a los escenarios y se siga hablando de su exitoso último show en la entrega de los premios Grammy, el líder de la banda The Police admite que se siguen peleando cada vez que se juntan a tocar.

" En cuanto Stewart, Andy y yo nos juntamos y tocamos, vuelan los platos. Incluso hoy en día", dijo Sting en una entrevista con la revista Stern de Alemania.

Incluso 23 años después de la separación de la banda, Sting se pelea con el baterista Stewart Copeland por cuestiones artísticas: "Nos podemos matar por pequeñeces. A veces basta sólo con un acorde para que se arme una gran discusión", agregó.

Cuando a Sting se le ocurrió volver a reunir a la banda, ni sus compañeros ni su esposa lo tomaron en serio: "Creo que hasta mi mujer pensó que estaba loco", dijo el cantante.

Copeland agregó: " Cuando me llamó Sting primero pensé que me estaba tomando el pelo". El trío no grabará nuevas canciones. Primero deben estudiar las viejas canciones para la gira mundial, lo que les representa un nuevo problema: "Sting se olvidó hace tiempo de muchas de las viejas letras", comentó Copeland.

La gira de The Police comienza el 28 de mayo en Vancouver, Canadá. El domingo pasado, tocaron juntos por primera vez desde 1984 en la entrega de los premios Grammy.

Fuente: DPA

miércoles, 21 de febrero de 2007

Van Halen salta al ruedo otra vez

A lo mejor eso de “saltar” suene como un gancho al hígado para muchos incondicionales del grupo, teniendo en cuenta de que Jump (del 1984), es posiblemente una de las dagas que Van Halen infligió mortalmente a su música, llevado por ese afán marketero y comercial que persigue (y alcanza) a muchos grupos que nacen buenos, pero que se corropen en el “star system”.

Y créanme, estoy de acuerdo con aquellos que piensan así, pero no encontré otro titulo más llamativo para dar a conocer el regreso (una vez más) de este legendario grupo californiano, conformado hoy por un sobreviviente del cáncer, Eddie Van Halen, su hijo Wolfgang, su hermano Alex, y, cómo no, la figura poderosa y siempre escandalosa de un envejecido David Lee Roth, imagen de ese Van Halen de los años setentas.

Y claro, si no es por Dave, pues dónde está el chiste. Curioso porque si se trata de destacar un regreso triunfal, no se crearía tanta expectativa ni se hablaría tanto si Sammy Hagar (ex cantante) o el mismísimo Michael Anthony (ex guitarrista), decidieran pegar la vuelta a su “alma matter”. En fin, como casi todo el managment de estos días, la gente está dispuesta a invertir millones por ver de nuevo a dos (ex) enemigos en el escenario.


Golpes, escupitajos y fuckings de por medio se confirmó entonces que David volverá al lado de sus viejos colegas de Van Halen. Dicen que el arreglo se concretó el pasado diciembre en el estudio de Eddie y que, por obra y gracia de las buenas voluntades de ambos, sumado a unas cuantas hectáreas de botellas de cervezas y otras hierbas santas, comenzaron a planear su debut en los escenarios como en sus mejores años. Como no podía ser de otra manera, el website Billboard.com, informó que los viejos colegas y grandes enemigos íntimos ya concretaron cerca de 40 recitales dentro de Estados Unidos.

Por los hijos...todo
En una entrevista con la revista Hit Parader, Eddie Van Halen explicó que su “romance” con el viejo David renació por iniciativa de su hijo Wolfgang, actual bajista de la banda. Así es como, según Eddie, su “pequeño” Wolfie le dijo un día que amaba los viejos temas del grupo y que serían fáciles de aprender y muy divertidos de tocar. Eddie, embriagado de emoción por el inesperado homenaje de su primogénito, obligó practicamente a su hermano Alex para que llamara al hasta entonces olvidado David. Lo llamaron, intentaron convencerlo, y finalmente lo lograron, previos acuerdos legales con abogados sobre derechos de “esta es la mía, esta es la tuya”.


Y así, como en un cuento de hadas, el retorno se dará en un momento en el que el grupo está ad portas de ingresar al hall of fame del rock and roll, aunque no se habla todavía de un futuro disco, porque todo hace pensar que, como en anteriores ocasiones, este amiste tenga la duración de una de las canciones más populares y malas del grupo: Jump.

viernes, 16 de febrero de 2007

Los mejores covers del rock

Todos, pero absolutamente todos: solistas, dúos, tríos, bandas y superbandas grabaron alguna vez un cover; unos sonaron bien y quedaron en los oídos de varias generaciones; otros en cambio, quedaron ahí nomás, como un buen (y muchas veces pésimo) intento. Pero de estos últimos hablaremos en otra oportunidad.
En su momento, grandes como los Beatles grabaron Twist and Shout, canción que en voces de los archidesconocidos Top Notes y luego de los consagrados Isley Brothers no trascendió mayormente. Inclusive en sus siguientes LP’s, Lennon y compañía no dejaron de grabar viejos pero desconocidos temas, como una forma agradecida de homenajear a quienes les ayudaron a dar sus primeros pasos en la música.
Otros que se colgaron de esta onda fueron los mismos Rolling Stones, quienes se dieron a conocer con una buena versión de I wanna be your man, que pasó de ser una simpática canción del álbum A Hard Day’s Night, gracias a la voz nasal de Ringo Starr, a ser una pieza de colección, muy apropiada para la desadaptada voz de Mick Jagger.
La cantidad de covers grabados a lo largo de la historia del rock es innumerable y la discusión sobre cuál o cuáles son los mejores aún más infinita. Entre los artistas cuyas canciones han sido grabadas muchas veces (y en algunos casos, masacradas) se cuentan a Elvis Presley, Bob Dylan y David Bowie. Aunque quien ostenta hasta el momento el record de covers son los Beatles, mejor dicho, Paul MacCartney, y su Yesterday, con más de 13 mil versiones existentes.
A continuación, basados en la humilde opinión de este servidor, así como en sondeos, tanto a gente entendida como a ilustres “desorejados”, elaboramos una lista de los mejores covers de la historia. Ahí van:
With a little help from my friends, Joe Cocker: Muchos de los que escucharon por primera vez esta canción, ni siquiera imaginaron que formaba parte del puñado de grandes canciones del Sergeant Pepper’s...de los Beatles. En lo particular, pienso que es el mejor cover de la historia. Fuerza y pasión descargados a través de la aguardientosa voz un Cocker inspirado en una tarde lluviosa en Woodstock,1969.

Black Magic Woman/Gipsy Queen, Santana: Este es una caso peculiar en el que se puede decir que que el “hijo” encontró a su verdadero “padre”. En efecto, el estilo melancólico que el talentoso Peter Green imprimió al parir esta canción, fue superado por el estilo latinamente portentoso del eximió guitarrista mexicano en la mejor época de su carrera.

The man who sold the world, Nirvana: Extraordinario homenaje al gran Bowie, en la voz de un genial pero inconforme Kurt Cobain pocos meses antes de su muerte.

I heard it through the grapevine, CC Revival: Notable y amplísima versión rockera de una canción, que vio la luz como un emblema del R&B sesentero. Anteriormente, había sido grabada nada menos que por Gladys Knight y Marvin Gaye y también, ambos, la habían convertido en número uno.

All along the watchtower, Jimmy Hendrix: Para muchos el mejor cover de la historia del rock. Original del gran Bob Dylan, esta canción representa el himno de toda una época de guerras, drogas y cambios sociales y políticos en el mundo. La versión moderna de U2 es bastante rescatable, sobre todo por los talentosos dedos de The Edge.

Nothing compares 2 U, Sinead O’Connor. El gran Prince no pensó que la enésima canción que compuso a la memoria de su madre, alcanzaría la gloria gracias a la prodigiosa voz y talento teatral de la siempre insurrecta señora O’Connor.

Otros covers memorables:

I shot the sheriff, de Eric Clapton, original de Bob Marley.
Pretty woman, You really got me, de Van Halen; originales de Roy Orbison y The Kinks, respectivamente.
Dear Prudence, de Siouxie and the Banshees, original de The Beatles.
Satisfaction, de Devo; original de The Rolling Stones.
Everybody’s got to learn sometimes, de Beck; original de The Korgis.
Tainted love, de Soft Cell; original de Gloria Jones.
Mr. Tambourine man, de The Byrds, original de Bob Dylan.
Knocking on heaven’s door, de Guns n’ roses; original de Bob Dylan.
The Passenger, de Iggy Pop original de Souxie and The Banshees.
Word Up, de Korn; original de Cameo.
Easy, de Faith no more; original de The Commodores.
Red red wine, de UB40; original de Neil Diamond.
Jolene, de The White Stripes; original de Dolly Parton.
Helter Skelter, de U2; original de los Beatles.
Little wing, la abundancia de covers de esta canción, desde Sting hasta Stevie Ray Vaughan, pasando por Pearl Jam, han hecho de este clásico de Hendrix uno de los más notables de la historia.